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Comienza el invierno en el día más corto y la noche más larga del año

Puerto Iguazú. El 21 de Junio, cuando el Sol se sitúe sobre el trópico de Cáncer y alcance su máxima posición boreal, se produce el solsticio de invierno, el cuál comenzará en el hemisferio sur, coincidentemente con el día más corto y la noche más larga del año. En lo místico, se festeja del Día del Sol Quieto.

En los Solsticios, los rayos solares llegan a los límites máximos que pueden alcanzar. Caen en forma vertical al norte y sur del Ecuador sobre los trópicos. Literalmente significa “Sol quieto” y marca el momento en que el astro cambia la dirección de su camino aparente en torno a la Tierra.

Lo de “Sol quieto” alude a que cerca del 21 de junio y del 22 de diciembre el astro parece “frenarse” unos días, antes de tomar impulso para “recorrer el camino inverso”.

A su vez, hasta el 22 de diciembre, el Sol “se corre” cada vez más hacia el sur, trayendo el verano al hemisferio sur y llevando el invierno al hemisferio norte.

Desde la óptica astronómica ambos solsticios involucran un cambio de dirección, desde lo místico simbolizan un cambio hacia lo desconocido, un nuevo comienzo.

Festejar el Día del Sol Quieto encendiendo fogones involucra aceptar los cambios y apostar a la renovación del círculo de la vida.

Los pueblos quechuas, aymaras, kollas, rapanui y mapuches, que tienen una economía agraria, celebran el año nuevo indicado por el solsticio de invierno, como una época de purificación y renovación.

Este hecho anuncia para las culturas ligadas a la tierra el despertar de las actividades que prepararán las siembras para una nueva temporada. Con ceremonias de purificación, los mapuches, uno de los principales pueblos originarios de Chile y Argentina, celebran el Wetripantu, el Año Nuevo indígena.

La visión indígena se basa en que desde esta fecha, el progresivo desplazamiento del sol hacia el sur da inicio a un nuevo ciclo de vida, y de la relación armónica del hombre con la naturaleza, además de que comienza un nuevo ciclo astronómico y agrario.

Los antiguos sabían que no era el invierno lo que cobijaba la muerte, sino el verano, porque mientras éste es un ir desde la luz más intensa (el día más largo) a la oscuridad más creciente (el día más corto), el invierno supone comenzar a escapar de lo oscuro rumbo a lo luminoso.

De ahí que la Fiesta del Sol Quieto de invierno se festejara antiguamente con más júbilo que el del verano: el día más oscuro les anunciaba la resurrección de la luz, mientras que el día más luminoso les prevenía de su efímera existencia.

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