Playa “sin sol”: en la arena de Gesell hay fiesta casi hasta la medianoche 2018-01-15T06:07:21+00:00
Playa “sin sol”: en la arena de Gesell hay fiesta casi hasta la medianoche

14 enero, 2018 · Sociedad, Turismo · COMENTARIOS: 0

Los adolescentes caen en la playa despues de las 5 de la tarde cuando empieza a bajar el sol, con heladeritas y parlantes. Algunos vecinos se quejan de la basura que queda en la playa. El municipio no responde.

VILLA GESELL. Los adolescentes caen en la playa bien tarde, cuando empieza a bajar el sol y ya no pega con fuerza, con heladeritas y parlantes. Algunos vecinos se quejan de la basura que queda en la playa. El municipio no responde.

 

Son las 3 de la tarde y en Villa Gesell la temperatura ya trepó hasta los 30º. Sin embargo, a pesar del clima ideal, las playas del centro no están llenas. ¿Hay poca gente en la ciudad? Para nada. Lo que ocurre es que ese sector dominado por los jóvenes tiene su pico de convocatoria recién cuando se levantan de dormir, que es cerca de las cinco de la tarde. Recién a esa hora, miles de chicos y chicas bajan hasta la arena con heladeritas y parlantes de gran tamaño para armar un gran boliche a cielo abierto. Alcohol, música, levante y baile en una fiesta popular y sin reglas que puede durar casi hasta la medianoche.

“Criminal, cri-criminal, tu estilo, tu flow, baby muy criminal”, escupe un parlante a todo volumen. Una chica baila y se menea hacia abajo, hasta quedar casi en cuclillas; un chico se le suma por delante y la imita. Se acaban de conocer, pero parece estar todo bien.

Unos pasos más allá, la escala es otro parlante en el que suena Maluma y continúa otra ronda improvisada que gira a unas cuantas revoluciones por minuto. En total son decenas y decenas de parlantes, cada uno con su música, con su gente alrededor. De repente se arma un círculo más grande, una chica se sube en los hombros de otro chico, aplauden en el lugar y hay que acercarse para escuchar bien y entender lo que pasa: “El muy verdugo cena distinguido. Una noche de cristal que se hace añicos…. No lo soñeee...”. Todo revienta en un pogo fenomenal al que se suman cada vez más participantes. Vuela cerveza, espuma de carnaval, agua de hielos descongelados.

“¿Es siempre así?” Pregunta este cronista. Y la respuesta es indiscutible: “Es así todas las tardes”, dicen a coro Guillermina, Caro y Nerina, que llegaron desde Paraná. Sin presencia policial ni ningún tipo de seguridad, en estas playas casi no hay sombrillas ni familias. Encontrar un mate podría ser el desafío más grande para un fanático de “Dónde está Wally”. Tampoco hay licuados ni tragos elaborados. Sí en cambio sobra el Fernet, Campari y vodka.

La regla no escrita es llegar a la playa bien tarde, cuando el sol ya no pega con fuerza. El mandato es bajar con una heladerita y un parlante. Y el que no tiene esos elementos no se hará mucho problema, ya que el grupo de al lado cubrirá el déficit.

El hecho es que a la playa se va cuando todos se despiertan tras una noche agitada en la única ciudad de la zona en la que todavía existen mega boliches para los jóvenes, porque en todo Pinamar no hay noche como la de Gesell.

“Nos acostamos como a las 7, 8 de la mañana y nos despertamos tipo tres de la tarde. Comemos algo, arroz o fideos en general, y después encaramos para la playa. Acá nos quedamos hasta cuando nos corra el viento y el frío, pero en general le pegamos hasta las diez más o menos. Ahí volvemos al departamento que alquilamos y ya vamos pensando qué plan hay para la noche”. El relato preciso lo hace Marcos Ledesma, un rosarino que fue con ocho amigos más y que se instalaron con un bombo y hasta un embudo para el alcohol.

Algunos “manijas” incluso pueden quedarse hasta más tarde en la playa. Así lo cuenta Walter, que trabaja cuidando el puesto de una importante marca de gaseosas: “Mi trabajo es estar acá hasta que se vayan todos y varias veces me pasó de que los pibes se quedan hasta las once. No se van más”, cuenta y sigue: “Bailan a pleno, casi que de acá se van a bañar y encaran al boliche de una”.

No hay mucho misterio. En general casi todos repiten el mismo circuito de playa-departamento-boliche-departamento-playa. De ahí no sale. “Los pibes están tranquilos, no hay bardo. Es una especie de descontrol controlado”, dice un vendedor de churros ‘El Topo’ con más de quince años de experiencia en las playas de Gesell.

No piensan lo mismo algunos vecinos que pasan sus vacaciones en los edificios que están cerquita del mar, sobre la Avenida 1 o la Avenida Costanera. Ellos se quejan por los ruidos molestos, pero más que nada por la suciedad con la que quedan las playas: “A la mañana es una mugre, no podés caminar descalzo porque te cortas con las latitas que están tiradas. Estamos cerca de la playa, pero nos tenemos que ir a otra porque acá no podemos estar tranquilos”, contó Silvia Morales, que está en Gesell con su marido y sus dos hijos.

Clarín intentó hablar con el municipio, pero no respondieron. Desde el Operativo Sol confirmaron a este diario que aumentaron los patrullajes y la seguridad para que no se repitan los desmanes del 1° de enero del año pasado en Buenos Aires y Playa”. Y consideraron que hasta ahora el operativo “fue un éxito”.

Ya no hay más sol. Se escondió definitivamente detrás de los edificios. La luna ganó protagonismo, pero la música no se detiene. Ellos siguen ahí, ahora con un buzo o campera, para seguir bailando. Más tarde irán al departamento, luego a la disco y al otro día estarán de vuelta aquí, subidos en una espiral que no se detiene.

La consigna es el alcohol, el parlante y el baile. Foto: Andrés DElía

Fuente: Clarín

 

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