Mons. Martorell: “La picardía del demonio se esconde donde hay deseos de poder”

Iguazú (IN). El obispo de Puerto Iguazú, monseñor Marcelo Raúl Martorell, en el primer domingo de Cuaresma, brindó una reflexión sobre el Evangelio de San Lucas, y señaló que “toda ambición terrena que nos separe de Dios no viene de Él”.
Monseñor Marcelo Raúl Martorell, obispo de Puerto Iguazú, en el primer domingo de Cuaresma, brindó una reflexión sobre el Evangelio de San Lucas, y dijo que “el desierto en la sagrada escritura es el lugar privilegiado para un encuentro con Dios”.

“Jesús también se retiró durante cuarenta días al desierto para orar, y el desierto no fue solamente el lugar del encuentro con Dios, sino también un lugar de lucha, pues allí se encontró con Satanás, quien tienta al Señor con un mesianismo de triunfo y de gloria. ¿Para qué va a pasar hambre si es Dios y puede transformar las piedras en pan? ¿Para qué vivir como un vagabundo si adorando a Satanás puede recibir los reinos de la tierra? No podían venir de Satanás otras sugerencias que éstas debido a su orgullo”. A su vez, agregó que “Jesús sabía que solamente con el despojo de sí mismo puede reparar el pecado del hombre.

Solamente hay un camino: humillación, obediencia y cruz; ya que siendo el verdadero Mesías salvará al mundo no con un triunfo pasajero, sino ‘con la obediencia y muerte en cruz’. La picardía de Satanás se esconde donde hay intenciones ambiciosas y deseo de poder, de triunfo y de gloria terrenas”.

El prelado señaló que para destruir estas tentaciones hay que tener la actitud de Jesús: ‘adorarás al Señor tu Dios y sólo a él darás culto’: “Hay que estar dispuesto en la vida a no renunciar al Señor para poder rechazar cualquier proposición que obstaculice reconocer y servir a Dios como único Señor. Toda ambición terrena que nos separe del Señor, ciertamente no viene de Dios, y por eso es necesario estar dispuesto siempre en la intimidad del corazón a servir al Señor y sólo a Él darle culto.

Finalmente, el obispo concluyó diciendo que “San Pablo invita al cristianismo a una profesión de fe: ‘si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo’. Esta confesión exige un doble acto: el interior, confesar con la mente y el corazón la realidad de que Cristo es el Señor y nos salva; y el exterior, profesión pública de la fe a través de la participación litúrgica en el mundo y en nuestro propio medio ambiente, como lo hicieron los mártires. Quien se apoye en Jesús no ha de temer porque ‘todo el que crea en él no será confundido’”.+

Puerto Iguazú (Misiones) (AICA)
Miercoles 17 Feb 2016 | 08:38 am

By | 2016-02-17T09:03:41+00:00 febrero 17th, 2016|Puerto Iguazú, Sociedad|0 Comments