Argentina y Brasil, a 30 años de la Declaración de Iguazú

Iguazú (IN). El Brasil y la Argentina celebran 30 años del encuentro histórico que resultó en una asociación estratégica ejemplar. Bajo el liderazgo de los presidentes Raúl Alfonsín y José Sarney, nuestros países protagonizaron en 1985 un momento que se convirtió en un hito en la historia de su relación y de la integración latinoamericana.

Al encontrarse para la inauguración del puente que conecta la Argentina y el Brasil, los dos presidentes firmaron la Declaración de Iguazú. El carácter estratégico de esa asociación constituye una conquista que inspira nuevos avances.

Dos presidentes, conduciendo procesos de democratización en medio de graves crisis económicas, tomaron la valiente decisión de fortalecer las relaciones bilaterales y lanzar los fundamentos de la integración del Cono Sur. La Declaración de Iguazú, en la que se manifestaba la “firme voluntad política de acelerar el proceso de integración”, fue resultado directo de las transformaciones por las que pasaban el Brasil y la Argentina.

Hoy, en la definición del presidente electo de la Argentina, Mauricio Macri, somos “mucho más que socios” y tenemos amplias potencialidades y espacios de cooperación todavía por explorar. Este sentimiento ha guiado a los últimos presidentes argentinos y brasileños.

En la época del encuentro Sarney-Alfonsín, nuestros países reconocieron que la integración era el motor para la aproximación bilateral, y la democracia, el sustento para el mayor progreso de los dos países.

Hace 30 años, la Argentina y el Brasil tuvieron la virtud de reconocer que, unidos, incrementarían significativamente la capacidad de superar barreras y crear un orden más favorable a sus intereses. Hoy, los dos países están mejor preparados para enfrentar los desafíos del escenario internacional.

En la Declaración de Iguazú, los presidentes vislumbraban el doble beneficio de la integración sudamericana: ampliar el mercado regional y los flujos de comercio e inversiones recíprocos y fortalecer la posición de nuestro continente en el sistema internacional. Hoy, unidos, tenemos ofertas para una asociación soberana con la Unión Europea y podemos aproximarnos a la Alianza del Pacífico. Seis años después de Iguazú, se creó el Mercosur, que facilitó la aproximación entre los países del continente y permitió, años más tarde, la formación de la Unasur y de la Celac.

Hoy, la asociación entre el Brasil y la Argentina parece un fenómeno natural, pero el proceso no hubiera avanzado sin la voluntad política en el más alto nivel. En aquella época, había todavía segmentos que apostaban a la rivalidad entre los dos países y a la búsqueda de alianzas preferenciales con países desarrollados, en detrimento de la integración sudamericana. Los dos países comprendieron que la buena articulación entre la Argentina y el Brasil era una condición para la posibilidad de una buena relación con países fuera de la región.

Tres décadas después, los valores que guiaban la asociación Brasil-Argentina continúan inspirando a nuestros gobiernos y a nuestras sociedades. Entre los resultados tangibles, puede mencionarse el estrechamiento de los lazos económico-comerciales. El comercio entre los dos países creció exponencialmente a lo largo del período, juntamente con las inversiones recíprocas, generando nuevas oportunidades, riquezas y empleos.

La interlocución fluida con el gobierno argentino es fundamental para que podamos seguir defendiendo nuestros principales intereses en el escenario internacional y para que consolidemos una integración regional profunda que vaya más allá del comercio y contemple también una mayor aproximación entre nuestras sociedades. He buscado fortalecer esa asociación estratégica, así como el mutuo respeto y la conciencia de la gran importancia que el Brasil y la Argentina tienen el uno para el otro.

Inspirados en la Declaración de Iguazú trabajaremos con el nuevo gobierno argentino, que ya expresó el carácter prioritario que confiere a la relación bilateral. Las conquistas de los últimos 30 años nos muestran el camino y estimulan nuevas iniciativas. Éste es el momento para profundizar los lazos de amistad entre los dos países. Con eso tendremos mejores condiciones de construir sociedades más justas y más prósperas, y de contribuir a que la América del Sur constituya cada vez más un espacio de paz, de desarrollo y de cooperación.

By | 2015-12-01T15:27:59+00:00 diciembre 1st, 2015|MISIONES, PAÍS, Puerto Iguazú, Sociedad|0 Comments