“El Señor es nuestro auxilio y defensa” (SJ 32,20)

Iguazú (IN). La liturgia de este domingo conlleva todo un sentido sacrificial, la liturgia de la Palabra se centra en el misterio de la Pasión y la Muerte de Jesús. En Isaías en breves versículos, el Profeta nos habla del “Siervo de Yahvé” que es la figura de Cristo.

Dios Padre en su amor por la humanidad y con el deseo de salvarla, y de salvar a todos los que acepten ser salvados, enviará a su Hijo muy querido a la muerte pasando por los horrores de la Pasión, muerte que aparentemente es un fracaso, pero que terminará con la Resurrección.

El Evangelio que frente a la petición de los hijos de Zebedeo (Mc.9, 35-45), nos muestra el tercer anuncio de la Pasión, la cual el hombre eludirá, ciertamente, ellos quieren la gloria que suponen terminará de la Misión del Señor. No han pensado en los anuncios que ya les hizo el Señor….y le vuelve a repetir: el que quiera tener parte en su gloria, deberá beber con él el amargo cáliz del sufrimiento ¿Sois acaso capaces de beber el cáliz que yo beberé? Ellos responden afirmativamente –lo somos- ¿pero acaso entendieron a lo que Jesús se refería? ¿Entendían el sufrimiento y el dolor que le esperaba al Señor como culmen de su Misión?

En realidad los Apóstoles estaban lanzando una Profecía –seguir a Jesús supone la exigencia de sufrir y hasta de morir por El.- y para hacerlo habrán tenido que abandonar toda pretensión de primacía.-

Las seducciones del mundo de ayer y de hoy, las mezquindades del hombre compitiendo a través del orgullo por los primeros puestos y utilizando todo tipo descarado de ambición por el afán del triunfo y honor sobre los otros; no tiene lugar en el Reino de los Cielos, se comporta no como un cristiano sino como un pagano. Y les da una lección: “el que quiera ser grande, sea servidor de todos y el que quiera ser el primero sea esclavo de todos (42-43).

El cristiano deberá no tanto sobresalir sobre los demás, sino desapareciendo, haciéndose servidor de todos. Ostentar y estar siempre en los primeros puestos, aunque con la creencia de estar sirviendo, no es de los discípulos del Señor. El Señor ha venido a servir y a dar su vida por los demás; así pues será discípulo quien sea capaz de servir llevando la cruz por si mismo y por otros, sufriendo para expiar las propias culpas, ofreciéndose junto a Jesús “en rescate por los hermanos”.-

El autor de la carta a los Hebreos nos recuerda que tenemos en Jesús ”un sumo sacerdote grande”, quien habiéndose hecho en todo semejante a los hombres -menos en el pecado- sufrió por ellos y tembló frente a la muerte, por eso está sentado a la derecha del Padre e intercede por nosotros.-

Entreguémonos a la Misericordia del Señor, para alcanzar su gracia, sirviendo a los demás en el amor y el desinterés, y ciertamente alcanzaremos la gloria y estaremos junto al Señor, sirviendo con alegría a los demás, siendo misericordiosos como lo es El, sabiéndonos discípulos y misioneros de su Palabra de vida, sin mezquindades ni soberbia, con humildad y frescura dentro de un mundo mezquino e impiadoso, lleno de exclusiones y de descartes. Así mereceremos, tal vez, lo que pidieron los Zebedeos, estar junto al trono del Señor.-

Que María Madre de Misericordia nos inspire y nos aliente.-

+ Marcelo Raúl Martorell
Obispo de Puerto Iguazú

By | 2015-10-17T23:44:20+00:00 octubre 17th, 2015|Puerto Iguazú, Sociedad|0 Comments